La comunicación se produce por contacto; un contacto de gestos, golpes o caricias, verbal u oloroso; un contacto completo, sin distancia, con máscaras y oscuridades sacadas a la luz u ocultas tras la corrección tribal. En la comunicación se pasa del «nazco, crezco y estoy aquí, vivo» al «estoy aquí, contigo; ahora existo a tu lado, por ti y para ti, para bien o para mal».
No estoy en contra del progreso, ni de las redes sociales, ni de la IA, ni de los coches, ni de las herramientas; pero sí me gustaría que nada acabara con la intensidad de compartir hasta las últimas consecuencias y de darse la oportunidad de amar y comprender «lo distinto», de descubrir, sin algoritmos, como un niño, aquello que nos aguarda a la vuelta de la esquina… sin miedo, persiguiendo la alegría.