Querido amigo,
desde la distancia que regala la ciencia ya vivida,
quisiera hablarte de esos pequeños milagros no contables que presiento imprescindibles para tratar de descifrar las cosas de la vida.
Tú aún no lo sabes pero el viento me habla cuando puede,
me consuela acariciando mi piel mientras murmura sus consejos en mi oído.
Mi esperanza sobrevive en la aguja del pajar de mis sentidos y
el perro verde que soy brilla de esplendor en los besos infantiles.
Tras las puertas del ayer habitan los misterios del olvido.
Y así trato de encajar en la horma de un zapato que no es mío y
el tronco de mi vida se llena de anillos solitarios, cada día más finos.
Presiento que en la humilde virgulilla de mis eñes
habitan las palabras olvidadas, el rostro de mi abuela Margarita
y el pobre pájaro Dodo aún no extinto.
Y tú y yo… y nuestro ingrato reflejo en el espejo.
Littledata








